Ramón Fernández Palmeral

Escritor, poeta e investigador.

 

 

LA RELACIÓN ENTRE MIGUEL HERNÁNDEZ Y JUAN GIL-ALBERT

 

 

Nuestros universales poetas Miguel Hernández y Juan Gil-Albert Simón tienen puntos en común de relación personal que voy a tratar de relacionar y evidenciar, a pesar de las diferencias que hay entre ambos y el deseo por algunas instituciones de olvidarlo. El primero está considerado como poeta del pueblo en lengua castellana y el segundo como poeta de la burguesía en valenciano.

A) Se debieron conocer en Madrid en finales 1935 y primero del 36. Carlos Mola, cuenta (notas de Ramón Pérez Álvarez «Hacia Miguel Hernández») que cuando él iba a casa del matrimonio de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez en calle Viriato número 73, se podía uno encontrar en a la mesa «juntos a Moreno Villa con su porte impecable y frente a Miguel Hernández que traía en la cara una coloración rosa, de aire montaraz». Juan Gil-Albert visitaba ese ambiente, ya que Altolaguirre le publicó en la Colección Héroes su libro Misteriosa Presencia (1936). Y Miguel Hernández publicó El rayo que no cesa (enero 1936) en la misma colección. También estaba la tertulia de los domingos por la tarde en casa de la veleña María Zambrano de la Plaza Conde de Bajas de Madrid, a la filósofa y pensadora también conoció Juan Gil-Albert por estas fechas a la que le dedicó su libro Candente Horror, en 1936.

B) Luego se volvieron a ver en Valencia con motivo del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura organizado por la revista «Hora de España», inaugurado en Valencia el día 4 julio del 1937 por el Dr. Negrín, Miguel tenía 26 años y Juan 33. En dicho congreso se leyó la Ponencia Colectiva y firmada por: A. Sánchez Barbudo, Angel Gaos, Antonio Aparicio, Arturo Soto, Emilio Pardo, Eduardo Vicente, Juan Gil-Albert, J. Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Miguel Prieto y Ramón Gaya, y leída por Arturo Sánchez Plaja, y a la que, también habían asistido numerosos poetas extranjeros entre los que se encontraba Octavio Paz, César Vallejo, Huidobro y una larga lista.

En dicha Ponencias existe una mención comparativa entre dos poetas alicantinos, vinculados por sus de diferentes procedencias:
   «...no sólo por distintos significados de sensibilidad, no sólo por distintas concepciones de nuestra profesión y decidida vocación de artistas, escritores y poetas, sino por individuos que, como procedencia social, puedan marcar distancias tales como las que hay entre el origen enteramente campesino de Miguel Hernández, por ejemplo, y el de la elevada burguesía refinada que pueda significar Gil-Albert; lo que importa verdaderamente, es la profundísima significación que muy por encima de nosotros tiene ese mismo hecho referido a la totalidad española y que es el siguiente: ante la guerra, ante la lucha de nuestro pueblo por mantener como enunciado primordial de su contenido su independencia nacional, todo cuanto no es contra-español, todo cuanto no sea traición malvendida al capitalismo sin patria...»

Por ello, es evidente, que al ser nombrados en tan importante Ponencia, debieron entablar la inevitable conversación por su alicantinismo.

C) Entre los muchos romanceros colectivos que se publicaron durante la guerra civil, existe uno en el que figuran los dos poetas, fue el libro titulado Poetas en la España leal de Ediciones Españolas Madrid-Valencia 1937. En cuya índice aparecen por este orden: Antonio Machado, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Juan Gil-Albert, Miguel Hernández, León Felipe José Moreno Villa, Emilio Prados, Arturo Serrano Plaja y Lorenzo Varela.

Recojo la nota aclaratoria existente al final del referido romancero:
   «El orden adoptado en el texto para la inserción de nombres, es el alfabético con una sola excepción, Antonio Machado, que preside estas páginas.»
   «Lo poemas que figura en POETAS EN LA ESPAÑA LEAL han sido recopilados, con un prólogo, por la redacción de Hora de España.»
   «Por no haber podido comunicar hasta ahora con Juan Ramón Jiménez, su nombre no figura aquí junto al de Antonio Machado. En cuanto a Vicente Aleixandre, enfermo en Madrid, ha tenido que suspender su labor literaria y con ella el poema que dedicaba a esta colección».

Juan Gil-Albert aparece en este libro con dos poemas: A una casa de campo (Elegía), Despedida de un año (1936). Miguel Hernández publicó tres poemas “Recoged esta voz”, “Llamo a la juventud” y “El niño yuntero”.

D) Hay una prueba irrefutable de su relación, cuando Miguel nombró a Juan en su poema titulado: “Llamo a los poetas” que aparece en el libro: “El hombre acecha”. En la estrofa treceava escribe:

Hablemos, Federico, Vicente, Pablo, Antonio,
Luis, Juan Ramón, Emilio, Manolo, Rafael,
Arturo, Pedro, Juan, Antonio, León Felipe.
Hablemos sobre el vino y la cosecha.

Aparece el nombre de Juan sin apellidos, se ha especulado mucho sobre este nombre, Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, en la nota (94) de su edición de “El hombre acecha”, Ediciones Cátedra nº 197, escriben:
   “...el nombre de Juan no corresponde a ninguno de los poetas citados por su apellidos del poema; pudiera referirse a Juan Rejano, Juan Larrea o Juan Gil-Albert, sin embargo ninguno de ellos está previamente citado por su apellido...» (en la estrofa tercera aparecen los apellidos).

El hombre acecha, lo entregó Miguel personalmente a finales de 1938 en la Tipografía Moderna de la calle Avellanas 9, de Valencia, por lo ello, es evidente que ya conocía a Juan Gil-Albert, que es el destinatario de esta cita y no otro, Juan era poeta comprometido y además secretario de la revista “Hora de España”, en su etapa barcelonesa (1938).

Bien es cierto que Miguel no estaba en el círculo de amistades de Juan, por sus diferencias sociales y sobre todo porque no tuvieron tiempo material de relacionarse. A pesar de que Juan, fue después un gran contertuliano y amigo de sus amigos, puesto que en su finca de El SALT, “salto de agua”, de Alcoy recibió a amigos como Vicente Aleixandre, Gil de Biedma, Carlos Barral o Dámaso Alonso, según el artículo de Ricardo Bellveser. Aparecido en la revista número cero de la revista del Instituto Juan Gil-Albert de Alicante en la primavera de 2004.

La conclusión a la que llego es que la relación entre Miguel y Juan, fue, si no estrecha, sí interrelacionada por los eventos culturales de la época republicana y en los libros en que coincidieron como coautores.