Ramón Fernández Palmeral

Escritor, poeta e investigador.

 

 

UNA OCTAVA REAL DE PERITO EN LUNAS HA PERMANECIDO 71 AÑOS EQUIVOCADA

 

 

[XXX] (Retrete)

Aquella de la cuenca luna monda,
sólo habéis de eclipsarla por completo,
donde vuestra existencia más se ahonda,
desde el lugar preciso y recoleto.
¡Pero bajad los ojos con respeto
cuando la descubráis quieta y redonda!
Pareja, para instar serpientes, luna,
al fin, tal vez la Virgen tiene una.
   (Miguel Hernández)

 

Perito en lunas fue publicado el 20 de enero de 1933 en la Colección Sudeste de Ediciones La Verdad de Murcia por Raimundo de los Reyes-García y Martínez, donde el autor aparece como Miguel Hernández Giner, con el segundo apellido de su madre. Este trabajo inédito es una primicia que corresponde a un libro que se publicará con el título: Simbología secreta de Perito en lunas, por el autor de este artículo.

La octava real (Retrete) ha sido muy maltratada durante estos 71 años. A mí particularmente, al principio, me dio muchos quebraderos de cabeza, porque partía de una premisa equivocada: su título. En absoluto estoy de acuerdo con los análisis hechos hasta ahora por algunos críticos, tampoco son acertados los de Agustín Sánchez Vidal (Alhambra, 1976, 123,124), sin embargo, se aproxima un punto cuando nos propone: «Purísima Concepción con su serpiente y su luna a los pies, es asimilada al retrete». Pero se equivoca al finalizar la frase con que la luna es asimilada a un retrete. Será en la tapadera del inodoro, digo yo.

Tomar el retrete como inodoro es absurdo y un error de concepto que ha permanecido demasiado tiempo sin desvelarse (71 años) y tomado como título válido para la octava real [XXX], por culpa de un título (títulos que no se debieron descubrir ni publicar), de aquí mi teoría de que publicarlos por Juan Cano Ballesta en 1962 (dados a su vez por Miguel a Francisco Andreu Riera –a saber qué le dijo Miguel, exactamente–) fueron un error de vanidad grave, cuando aún no sabemos los verdaderos títulos o significados de las siete octavas de «Abril-gongorino», de las que hablaré en otro momento.

Creo, que Eutimio Martín en el núm. 83, 1º trimestre 2004,37, (Revista del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales, y que cayó en mis manos porque me la regaló Aitor L. Larrabide), se acerca más a deshacer este entuerto cuando nos dice que «hay textos sagrados en que se dice textualmente que la Virgen recibió la visita del ángel de la Anunciación cuando estaba orando en el retrete de su casa. Obviamente, la palabra retrete designa una habitación retirada, propia para recogerse a orar». A pesar de todo, Eutimio, vuelve a caer en la idea errónea de que Miguel «confiere a la palabra "retrete" un significado moderno», cuando en realidad las metáforas de esta octava en absoluto nos trasladan al significado de pequeño cuarto que sirve para retirarse, ir al retrete. En la octava no se nombra retrete ni se alude a él, señores ensayistas, hay que bajarse del burro, y reconocer que toda esta polémica proviene de un título erróneo que nadie puede afirmar que lo revelara Miguel a su "amigo" Andreu, y sin duda alguna, a la falta de detenidos y serios estudios.

Si nos centramos en resolver y analizar con objetividad la octava real. Analizar es entrar en el taller del poeta. Sabemos que el poeta nombra 3 veces la palabra Virgen en Perito en lunas (octava 8, 13 y 30). Miguel Hernández no podía ser irrespetuoso con la Virgen porque el canónigo don Luis Almarcha Hernández podría censurarle y retirarle su apoyo económico con las famosas y manías 425 pesetas, vuelta de espalda, que Miguel no podía permitirse, y menos en su primer libro, y además el poeta no estaba, aún, en fase de «desplumar arcángeles» (soneto final de El rayo que no cesa), ni había conocido al Pablo Neruda de la poesía "impura", ni tampoco al surrealista Vicente Aleixandre, que fue en junio de 1935.

Esta octava real se debería llamar: (Inmaculada Concepción). Como podemos observar en la imaginería religiosa, la Inmaculada que aparece de pie sobre un globo terráqueo, pisa a una luna y a una serpiente. Empieza la octava real Aquella de la cuenca luna monda, / sólo habéis de eclipsar por completo. Debería ir acentuada porque es un pronombre demostrativo: Aquélla de la cuenca luna. Aquélla se refiere a la Virgen que aparece de pie sobre una cuenca (forma cóncava o media luna) luna monda (mondar significa también limpiar un río o acequia), a los pies aparece una luna limpia. El poeta se dirige a la Virgen siempre en términos respetuosos con el usted por delante: habéis, vuestra, bajad. No creo que al retrete haya que mostrarle tantos respetos.

Esta media luna a los pies de la Virgen aparece tendida (en cuarto creciente o menguante, en cóncava posición) también nos semeja una hoz para pelar, mondar o injertar. Es evidente que en sólo habéis de eclipsarla por completo, es una invocación al poder divino de la Virgen sobre los astros, eclipsa a la luna porque la está pisando desde el lugar preciso y recoleto, este lugar es el cielo y no una hornacina de iglesia, y menos un reservado retrete. La serpiente, según el Diccionario de Símbolos de LIBSA 2002, significa el triunfo de Cristo sobre el mal. En la Inmaculada del pintor italiano Juan Bautista Tiépolo (1696-1770), la serpiente aparece con una manzana en la boca, representa a la serpiente del paraíso terrenal que tentó a Eva.

Al final de esta octava real, la Virgen tiene una, nos quiere decir el poeta que la Virgen tiene una luna para ella sola, no que tiene un retrete, como he podido leer por ahí. El poeta no tiene intención de ponerle un retrete a la Virgen, es impensables esta blasfema venial en aquellos años de religiosidad hernandiana. Otras fuentes de inspiración son, posiblemente, el nombre de su madre Concepción o el de una campana que se instaló en la torre de la catedral de El Salvador (Orihuela) en 1925 y que se llama Inmaculada Concepción. Además de los numerosos cuadros de la Inmaculada en distintas iglesias oriolanas.

Por el contrario, la octava real que debería llamarse RETRETE es sin duda la número [XII], (Lo abominable). Esta octava real está dedicada al impresor y periodista Ernesto Giménez Caballero, es necesario sintetizar que Ernesto nacido en Madrid el 2 de agosto de 1899, en una familia industrial por parte de padre y de propietarios agrícolas por parte de madre. Supo construir un próspero negocio de artes gráficas a partir de una humilde imprenta (en la calle Huertas de Madrid, en la casa donde se cree vivió Cervantes): En 1919 Giménez Caballero se licenció en Letras en la Universidad de Madrid y continuó sus estudios para graduarse en Filosofía. Fue compañero de curso de Javier Zubiri. Miguel lo había conoció por medio de Ramón Sijé el 2 de octubre de 1932 en el homenaje a Gabriel Miró en Orihuela en los jardines de la Glorieta. La banda de música de Benejúzar amenizó los actos, según escribe Eutimio Martín.

González Caballero llegó con camisa azul falangista, encima una chaqueta clara, se colocó al lado izquierdo del busto de Miró ganado en concurso por el escultor murciano José Zequier Zenón, y pronunció su discurso empezó cínicamente con: Nosotros, los que hemos traído la República... Estas palabras irritaron a Antonio Oliver Belmás, de tal manera que llamó: ¡Embustero!, a Ernesto, porque era cierto. Por alterar el orden público Oliver fue detenido por la policía, tuvieron que intervenir amigos y poetas, entre ellos Miguel Hernández, de aquí nació la amistad entre ambos. En este tiempo Miguel ya tenía escrito Perito en lunas, y fue Oliver y su esposa Carmen Conde quienes le recomendó a Raimundo de los Reyes.

Al proclamarse la República en abril de 1931 las posiciones políticas de Giménez Caballero, y su defensa del fascismo, el ser miembro fundador del semanario La Conquista del Estado (marzo a octubre del 1931) los colaboradores le fuesen dejando solo, y aunque La Gaceta se mantuvo hasta 1932, Giménez Caballero tuvo que escribir en solitario seis números (112, 115, 117, 119, 121 y 122) que llevan como subtítulo El Robinsón literario de España. En octubre de 1933 participa en la fundación de Falange Española.

El segundo encuentro de Miguel con Ernesto, ocurrió durante el primer viaje a Madrid, a través de la recomendación de Concha Albornoz, hija de Álvaro Albornoz Limiñana, (1879-1954), masón, fue diputado a Cortes por Asturias del Frente Popular, quedó tercero con 21.870 votos, después de Matilde de la Torre y Dolores Ibarruri. Político republicano español, miembro del Partido Radical Socialista. Diputado en Cortes, Ministro de Obras Públicas y de Gracia y Justicia dos veces. La primera vez desde (16-12-31 al 12-06-33) durante la II República. Presidió también el Tribunal de Garantías y fue embajador en París.

Giménez Caballero dirigía El Robinsón Literario de España, y el 15 de enero de 1932 aparece el esperpento de entrevista pastoril que le hizo a Miguel, no obstante para darse a conocer ya era un pasito, puesto que, además, Ernesto le recomendó a otro prestigioso redactor Federico Martínez Corbalán que dirigía la revista Estampa, que siguiendo la línea de los tópicos del cabrero poeta, aparece el 20 de febrero 1932 bajo el título: «Dos jóvenes escritores levantinos. El cabrero poeta y el mucho dramaturgo». El niño dramaturgo tenía 15 años y se llamaba Virgilio Soler.

No sabemos si (Lo abominable) se lo de dedicó a Ernesto con sarcasmo quevedesco o por premeditación para buscar su amistad. Cuando salió la entrevista estaba Perito en lunas estaba todavía en la imprenta. De todas formas, nadie se iba a enterar del contenido escatológico esta octava real. Esta es una octava escatológica, que podría entrar dentro del genero satírico y burlesco que se practicó en el barroco, cuyo mayor creador fue Quevedo, donde después de elevarse a grandezas espirituales adelgaza por el vientre en Gracias y desgracias del ojo del culo.

La primera parte de (Lo abominable) creo que se refiere a la micción masculina. Aunque amarga (la orina), y sólo por momentos, sale de vez en cuando, no siempre, cuando la tendremos palmas en las manos todos, para sujetar el pene para orinar. Y prosificando los versos 4 y 5, tenemos que cuando sale la orina ardiendo y hay vientos mayores nos alcanza la orina y nos mancha los calzones o pantalones, aquí codos por las rótulas de las rodillas.

A la segunda parte de la octava le hubiera venido bien el título de Retrete, porque lo abominable podría ser el retrete o un pozo negro. Sin embargo, parece referirse más bien a la acción de defecar, porque tras posteriores sufrimientos, de las señales acuciantes del vientre, y libres del lodo como excremento, nos hará leve por ligeros, el viento en popa / irán sobre la [sic] un punto china Europa. Quevedo escribió viento en popa / navega con tal bonanza, para definir nabo de su romance «Boda y acompañamiento del campo» De quien a su vez lo tomaría Espronceda para «Canción del Pirata»: viento en popa a toda vela, / no corta el mar, sino vuela...

Ponemos las posaderas o últimas mejillas en pompa a la hora de evacuar, y soltamos una china o guijarro / bolo escatológico, y Europa rima con popa.

Por todo ello, creo que Perito en lunas, como dice José Luis Ferris «no ha alcanzado la consideración que merece». Por ahí andan, como he tenido ocasión de ver en la biblioteca particular de Gaspar Peral, copiosas antologías (cajones de sastre donde caben todos los retales poéticos), y de este modo, selectivo e indiscriminado han salido adelante las ediciones, más que nada por el bellaco metal, con esta moda de los recortables antológicos, se pierde el valor intrínseco de conjunto de una obra, y el inequívoco placer de disfrutarla en su globalidad con la atención que merecen con todos los ingredientes que les pueden faltar o sobrar.