¿Sabías que las mujeres de el siglo XVIII ingerían arsénico para estar más bellas?

Cada época ha tenido su dictado en cuanto al canon de belleza. Los métodos para cumplir con el canon del momento han sido de los más variadas a lo largo de los siglos y, en muchas ocasiones, perjudiciales para la salud. Durante el Renacimiento, por ejemplo, lo más apreciado en una mujer era su blancura en la tez.

Por eso, muchas de ellas, para conseguirlo, seguían un régimen de arena, ceniza y cebo. Si esta dieta nos parece salvaje, todavía hay algo peor: en el siglo XVIII las damas intentaron obtener el mismo efecto ingiriendo mercurio o bebiendo un producto denominado "agua de fuente", que contenía nada menos que arsénico, muchas murieron o quedaron enfermas.