¡A buena hora, mangas verdes!

Aplícase a todo aquello que llega demasiado tarde, cuando ya no es necesario intervenir.

El origen de este dicho hay que buscarlo cuatro siglos atrás y está relacionado con el tribunal de orden llamado Santa Hermandad, que se encargaba de juzgar y castigar los delitos, especialmente los cometidos fuera de la ciudad. Los soldados de la Santa Hermandad, llamados cuadrilleros porque prestaban sus servicios en cuadrillas o grupos de cuatro hombres, llevaban en su uniforme mangas verdes y coleto.

Los cuadrilleros al principio prestaron buen servicio a la sociedad, pero después casi nunca llegaban a tiempo para castigar a los malhechores. La gente se daba cuenta que acudían cuando ya no hacían falta, cuando ya había pasado todo. Y exclamaban: " ¡A buena hora, mangas verdes!"

El sentido de esta frase se extendió, y actualmente lo aplicamos cuando los guardadores del orden llegan tarde al lugar donde se les reclama y por extensión cuando cualquier persona llega tarde.