Apretarle a uno las clavijas.

Esta frase, que se utiliza para decir que se le va a exigir o presionar a uno para que cumpla con sus obligaciones, proviene de un antiquísimo instrumento de tortura llamado "El Potro".

Este ya fue utilizado por los antiguos griegos cuando querían sacarle una confesión a un inculpado.

En su día, Ciceron ya describió el funcionamiento del potro en las Disputaciones Tusculanas, en las que decía que consistía en una rueda a la que ataban con cordeles los miembros del torturado para someterlos, girando gradualmente, a una tensión que podía llegar al descoyuntamiento.

Las cuerdas del potro eran tensadas mediante unos clavos de hierro o madera llamados clavijas... y de ahí surge la expresión, que ya aparece recogida en la obra de Miguel de Cervantes: "La tía fingida".