CLAVARANA Y GARRIGA, Adolfo

 

Publicista, escritor y poeta, que nació en Orihuela, el día 9 de septiembre del año 1844. Hizo allí sus primeros estudios y en 1863 se graduó de perito mercantil. Casado a los 22 años con Josefa Bofill, estuvo tras el mostrador de la casa de su suegro, quincallero. Pero acabó siendo un hombre de amplia y rica formación. Trasladado a Alicante, adquirió el grado de bachiller en Artes, abandonó el comercio y comenzó la carrera de Medicina que dejó a los tres años. También se dedicó a la pintura mostrando su habilidad para el dibujo caricaturesco. Tampoco fue tenaz con esto y lo dejó, comenzando la carrera de Derecho, que terminó en Salamanca, donde se licenció el 14 de marzo del año 1874. En mayo de 1875 se matriculó en el Colegio de Abogados de Orihuela. Fue secretario del Ayuntamiento de la ciudad y logró un bufete prestigioso en poco tiempo que llegó a calificarle como uno de los mejores abogados de la comarca.

Políticamente se afilió al partido liberal, donde por su carácter fogoso y talento despejado le granjearon muchos amigos prometiéndole un risueño porvenir. A los 33 años, impresionado por la muerte de Capdepón, orientó su vida hacia nuevos principios y comenzó a combatir los ideales que hasta entonces había propugnado. Su vis cómica, le inspiró la publicación de "La Lectura Popular", que fue la tribuna del paladín de la causa católica. Desde allí combatió las ideas liberales y a difundir la manera de practicar el bien. A esta empresa dedicó y sacrificó cuanto tenia: tiempo, salud, hacienda, facultades y fue al comienzo director, redactor, impresor y propagandista de su periódico. Para más dedicarse al mismo, renunció a su bufete haciendo de su revista una publicación de altos vuelos eminentemente popular con diálogos serios o humorísticos pero siempre nutridos de savia cristiana.

Escribió también artículos científicos como "El ojo humano", "El corazón del hombre" y algunos otros con nociones fisiológicas y bastaba una ojeada sobre los mismos para apreciar la solidez de formación de su autor y la sobriedad de su erudición. La defensa de la Iglesia, del clero secular y de las órdenes religiosas, movían de continuo su pluma y ahí están "Un gran republicano", "Pobre pueblo", "La ambición de un jesuita", "No sabéis lo que hacéis", "Flores del cielo", etc. Dogmas sobre la existencia de Dios, los expone con lógica irrefutable en "Diálogos de vecindad", "La locura de un amigo", "Las cartas del tío Matraca", etc. Por su psicología y observación, "El cuchillo de la Providencia" y "Homeopatía del diablo". La sátira la manejaba admirablemente en más de cien artículos entre los que sobresalieron, "La trompeta de Blas" y "Chicharrones laicos". Durante más de 22 años no cesó de producir su fecunda inventiva nuevas formas con que vestir ideas y sistemas. Fábulas y cuentos ocupan también parte de su vida y hay que citar, "El león enjaulado", "El minero de California", escrita en verso; "El árbol de la civilización", "¡Ah de la Ciencia!", "Papín y su marmita", "La clueca blanca", etc. También salieron de su pluma bellos idilios como "Miel de los cielos", "El viaje de la Virgen" y varias colecciones de cuentos.

Falleció en Orihuela, en el año 1905.

 

 


 

 

 

 

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